CONTROL DE ARMAS EN LA GUERRA NUCLEAR
Las armas nucleares son las más peligrosas de la Tierra. Sólo una puede destruir una ciudad entera, además de potencialmente matar a millones de personas, y poner en peligro tanto el medio ambiente como la vida de las generaciones futuras, ya que sus efectos a largo plazo resultan devastadores. Únicamente su mera existencia ya supone un riesgo muy alto. Aunque las armas nucleares sólo se han utilizado dos veces en la guerra –en los bombardeos sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945-, en la actualidad aún quedan al parecer aproximadamente 26.000, y hasta la fecha se han llevado a cabo más de 2.000 ensayos nucleares. El desarme es la mejor opción para protegernos de tales peligros; no obstante, alcanzar este objetivo ha sido un reto muy difícil.
Desde su fundación las Naciones Unidas ha perseguido la eliminación de este tipo de armas. En su primera resolución (1946), la Asamblea General estableció una Comisión para tratar, entre otros, los problemas derivados del descubrimiento de la energía atómica. La Comisión debía considerar la formulación de medidas prácticas destinadas a favorecer, entre otras cosas, el control de la energía atómica en la medida necesaria para asegurar su empleo sólo con fines pacíficos. La resolución también decidió que la Comisión tenía que presentar propuestas para la eliminación de los armamentos nacionales de las armas atómicas y todas las demás armas de gran potencia aplicables ahora o en el futuro a la destrucción en masa.
Enfrentar un ataque terrorista
Primera fase: La fase del pre-ataque o la pre-crisis.
Es el periodo de tiempo previo al ataque. Existen tres acciones a realizar durante esta fase:
A.- Evaluación de la amenaza, que debe de llevarse a cabo por las autoridades correspondientes, como sería el caso de la Secretaría de Gobernación y la Secretaría de la Defensa Nacional en México.
B.- Prevención de la amenaza terrorista, que se debe de llevar a cabo por las mismas autoridades.
C.- Preparación psicológica para la población que sería el blanco primario.
D.- Entrenamiento en Resiliencia Psicológica y en Manejo de Estrés en Incidentes Críticos para los servicios de emergencia tanto civiles como militares que auxiliarían a dicha población. Sabemos que el estado psicológico de las y los auxiliadores tiene efectos directos sobre su habilidad para desempeñar sus funciones y sobre la salud física y mental de la población que atienden.
Segunda fase: La fase posterior al ataque terrorista.
Durante esta fase se realizan trabajos de evaluación, contención, rescate e información.
Todos los equipos de emergencia llevan a cabo las labores programadas durante la primera fase. Proporcionan servicios de intervención psicológica temprana, empleando técnicas de Manejo de Estrés en Incidentes Críticos, multi componentes, validadas científicamente como efectivas, estandarizadas y aplicadas extensamente en el ámbito internacional, tales como: Información para Manejo de Crisis en Grupos Grandes de Víctimas Primarias, Desmovilización, Protocolo Grupal de Desactivación, Protocolo Grupal de Debriefing para Incidente Crítico e Intervención Individual en Crisis.
Tercera fase: El manejo de las consecuencias y la reconstrucción.
Después de los actos heroicos y del primer impacto psicoemocional, una profunda frustración, ansiedad, dolor, desilusión, duelo y depresión emergerán en plenitud.
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